El suelo pélvico es un sistema de músculos y ligamentos que cierran la cavidad abdominal en su parte inferior manteniendo en posición correcta y en suspensión la vejiga, el útero y el recto en contra de la fuerza de la gravedad.
Este grupo muscular se asemeja a una hamaca que sostiene en posición correcta cada uno de los órganos de la parte baja del abdomen (vejiga, útero y recto, en el caso de la mujer).
El debilitamiento del suelo pélvico provoca uno o varios de los siguientes trastornos: incontinencia urinaria de esfuerzo, prolapsos (caída de los órganos intrabdominales) y disfunciones sexuales.
La figura siguiente muestra los tres diafragmas bajos del suelo pélvico. Los músculos más superficiales se muestran en verde, los del diafragma urogenital en amarillo y el pubococcígeo en rojo:
Es ampliamente aceptado que el buen estado de cualquiera de las estructuras que forman nuestro cuerpo se traduce automáticamente en bienestar general físico. Este principio aplicado a un grupo muscular, y al suelo pélvico en concreto, implicado en funciones tan importantes como la sexual tiene una aún mayor dimensión.
Esta función sexual cada vez cobra mayor importancia en estos días y la forma de disfrutarla, tanto por parte de los hombres como de las mujeres, va evolucionando hacia un mayor conocimiento y disfrute sano por parte de los dos sexos.
Es igual de importante el papel que la musculatura del suelo pélvico en el ámbito social y de las relaciones humanas. Un buen tono muscular en el suelo pélvico se traduce en una correcta posición de las vísceras pélvicas; como mencionábamos anteriormente la vejiga, el útero y el recto.
Este correcto posicionamiento va a evitar que la principal función de contingencia se vea modificada, evitando de esa manera la aparición de posibles disfunciones del suelo pélvico tan molestas, como puede ser la incontinencia urinaria.


